Dossier: "Palau de la Música"
 
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22/07/2010 • 

El 23 de julio de 2009 Fèlix Millet salía, resguardado por un paraguas, por la puerta de atrás del Palau de la Música. La sociedad catalana empezaba a descubrir uno de los sucesos que más ha sacudido sus cimientos en los últimos años. El oasis catalán, símbolo de la discreción y sensatez que irradiaban su clase política y empresarial, no estaba tan reposado como parecía. Asimismo, el escándalo también servía para modificar la visión inalterablemente icónica que se tenía sobre uno de los grandes mitos del país: la burguesía catalana.


La sociedad civil catalana ha vivido ajena a los escándalos. En su ADN está grabada la palabra discreción. Acostumbrados a oler la corrupción en las aguas sucias de casa del vecino, pero nunca en las suyas, se ha ido construyendo a su alrededor una áurea de respeto y admiración que manaba de la aparente serenidad y buen hacer de su primera línea política y empresarial.

Un día de julio de 2009, uno de los líderes de esta sociedad ejemplar, Fèlix Millet, miembro de una de las principales sagas nobles de Cataluña, presidente de una de sus instituciones más emblemáticas, y merecedor de reconocimientos como la Creu de Sant Jordi, era investigado por presuntas irregularidades financieras. El Palau de la Música Catalana, edificio que despierta el orgullo de todos los catalanes, era registrado para encontrar posibles pruebas sobre una desviación de millones de euros. A la sorpresa inicial causada por este hecho, le siguieron la dimisión de Millet y su posterior confesión del delito, que se hizo pública meses después. Finalmente, uno de los iconos protagonistas del gran mito catalán, había destapado el truco: nada es lo que parece, incluso en la modélica gran casa catalana.

EL MITO BURGUÉS 

Para entender el caso Millet, no obstante, tenemos que remontarnos al nacimiento de lo que popularmente se conoce como burguesía catalana. Se trata de la clase social, catalanista y culta, que a partir de mediados del siglo XIX sustentó el impulso económico, cultural y social de Cataluña y que culminó con la etapa del Modernismo, en la esfera cultural, y en la figura de Cambó y la Lliga Regionalista, en el ámbito político. Fue la burguesía que condujo el renacimiento del país y se convirtió en un ejemplo y motor para el conjunto de España.

Durante la República, inició un periodo de dificultades propiciado por la pujanza del movimiento obrero en Cataluña y que motivó la simpatía y las oportunas alianzas de la burguesía con el gobierno de Burgos y el franquismo. Así, pues, hablamos de una clase social que, si en el siglo XIX, fue innovadora y tenaz, en el XX vivió sus primeros síntomas de decadencia. Fue entonces cuando los supervivientes de este nuevo escenario, empezaron a ocupar, durante la dictadura, espacios en los ámbitos de las instituciones culturales y sociales del país.

A partir de finales de los 60, la vida social y política de Catalunya vivió un nuevo renacimiento, pero que ya no había nacido con el sello de la burguesía catalana tradicional, sino que prosperó con una marcada base popular, especialmente ligada a los nuevos movimientos culturales y a una esfera intelectual próxima a los sectores de resistencia contra el régimen.

Extraviada su ancestral capacidad de renovación y liderazgo, la burguesía catalana encontró, en los inicios de la restaurada democracia, su hueco en el movimiento político convergente, personificado en la figura de Jordi Pujol. Para entonces, los descendientes de las familias que, décadas atrás, edificaron el mito de una burguesía dinámica y evocadora, habían construido, en su lugar, una oligarquía hambrienta de poder que iba ocupando las parcelas más vistosas de la esfera cultural y social de la sociedad catalana como el F.C.Barcelona, la Caixa o el Orfeó Catalá… Paralelamente, miles de personas con otros apellidos también históricamente nobles, la burguesía catalana real, trabajan ajenos a la popularidad social y al juego de influencias de los que sembraban portadas y reconocimientos. Pero volvamos al Orfeó.

Esta sociedad coral proclama presidente a Fèlix Millet, nieto de uno de sus fundadores, el año 1978. Durante su mandato, el empresario catalán dinamizó las actividades del Palau de la Música, ofreciendo becas y renovando su edificio. Mientras tanto, Millet y su mano derecha y director administrativo del Orfeó, Jordi Montull, urdían, en el seno de esta emblemática institución, otro cometido. La historia que viene después es más o menos sabida por todos. No obstante, antes de centrarnos en el proceso que nos atañe, hay otro hecho que ha pasado de puntillas por el caso: la condena que recibió Millet, años atrás, por su implicación en el Caso de Renta Catalana, affaire clave para ponernos en antecedentes. Veamos.

LUCES Y SOMBRAS

Renta Catalana fue una sociedad fundada en 1972. El objetivo del negocio consistía en captar capitales ofreciendo una alta rentabilidad. Con una estructura parecida a la de Sofico, cuyo escándalo estalló en la década de los 70, Renta Catalana tenía un capital de 6 millones de pesetas pero consiguió manejar fondos de 1.500 millones de pesetas que pertenecían a un millar de inversores. En 1978 los directivos de Renta Catalana, entre ellos Fèlix Millet, convirtieron a los inversores en accionistas. Al tratarse de una compañía con pérdidas, los accionistas se quedaron sin beneficios.

Destapado el engaño, empezaron a llover querellas de los inversores en numerosos juzgados y cinco años después, en 1983, los responsables de Renta Catalana ingresaron en prisión preventiva. Un año más tarde, Fèlix Millet fue condenado a dos meses de arresto y 30.000 pesetas de multa por falsedad documental por imprudencia.

Pasaron los años, y con el caso Banca Catalana estratégicamente arrinconado, Félix Millet se erigió con un senyor de Barcelona, un empresario modelo, un ciudadano honrado mimado por el poder que acumulaba decenas de cargos representativos en los sectores más influyentes de la sociedad civil catalana: presidente del Orfeó desde 1978, vicepresidente del Liceu, de la Fundació del Barça, de Bankpyme, de la Agrupació Mútua del Comerç y un largo etcétera. Fèlix Millet era el alma máter de la reverenciada burguesía catalana hasta que el 23 de julio de 2009 estalló en la limpia conciencia de la sociedad catalana el caso Palau.

CRONOLOGÍA DEL CASO PALAU

Cualquier trama dispone de una cronología. La sucesión de hechos de un escándalo público de estas características, analizado y seguido hasta el detalle por lo medios de comunicación, suele ser larga. En el caso Millet es, además, compleja, arisca y brumosa:

23 de julio de 2009: Registro en el Palau

27 de julio de 2009: Millet dimite

16 de setiembre de 2009: Millet reconoce haberse apropiado de al menos 3,3 millones del Palau de la Música, con los que habría financiado reformas en propiedades familiares y viajes

21 de setiembre de 2009: El Parlament ignoró en el 2003 un informe sobre irregularidades en el Palau de la Música

22 de setiembre de 2009: El arquitecto de la reforma del Palau dice que la obra costó la mitad

29 de setiembre de 2009: El Palau emprenderá acciones penales, civiles y por daños morales contra Millet y Montull

7 de octubre de 2009: El desvío de fondos del Palau ronda los diez millones de euros

13 de octubre de 2009: CDC devolverá al Palau los 630.000 euros cedidos a la Trías Fargas

21 de octubre de 2009: La Fiscalía ve riesgo de fuga

19 de octubre de 2009: Millet declara y queda en libertad

23 de octubre de 2009: La Fiscalía eleva a 20 millones en cinco años el desvío de fondos del Palau

23 de octubre de 2009: Millet reconoció ante el juez tener un millón de euros en Suiza

3 de noviembre de 2009: La defensa de Millet dice que fue espiado

5 de noviembre de 2009: El informe final eleva a 31 millones el desvío de Millet en el Palau de la Música

13 de noviembre de 2009: El Palau y el Consorci piden al juez los 3,6 millones depositados por Millet

13 de noviembre de 2009: La fiscalía pide cinco imputaciones más por el caso Millet, entre ellas la de Bergós

13 de noviembre de 2009: CDC devolverá al Palau los 630.000 euros cedidos a la Trías Fargas en ocho años

16 de noviembre de 2009: Millet no cree que la cantidad desviada del Palau sea tan elevada como señalan las auditorías

18 de noviembre de 2009: La sucesora de Millet al frente del Palau lamenta que su predecesor no esté en la cárcel

18 de noviembre de 2009: El juez imputa a la hija de Montull y a los tesoreros de la Fundació y el Orfeó

20 de noviembre de 2009: El juez pide las auditorías que durante ocho años no detectaron el desfalco del Palau

2 de diciembre de 2009: El ex secretario del Palau niega que de su despacho salieran facturas falsas para encubrir a Millet

9 de junio de 2010: La fiscalía presenta una querella por tráfico de influencias contra Fèlix Millet por el proyecto del Hotel del Palau

17 de junio de 2010: Una juez de Barcelona decreta prisión incondicional sin fianza a Fèlix Millet y Jordi Montull por posibles delitos de apropiación indebida y tráfico de influencias en relación al proyecto urbanístico del hotel del Palau la Música

30 de junio de 2010: Fèlix Millet y Jordi Montull salen de prisión en libertad sin fianza

(fuente cronología: La Vanguardia)

LA CONFESIÓN DE MILLET

El 16 de septiembre de 2009, Fèlix Millet depositó en el juzgado de instrucción número 30 de Barcelona su confesión reconociendo que cometió importantes irregularidades durante su gestión al frente de la emblemática institución musical catalana por un importe de al menos 3,3 millones de euros (los datos de la última auditoria revela que el desvío de fondos del Palau de la Música-Orfeó Català supera los 31 millones de euros). Un mes después, Millet y Montull declaraban ante el juez.

Durante sus declaraciones, ambos imputados respondieron a todas las preguntas, sólo admitieron los errores ya confesados y exculparon de todas las acusaciones a sus familiares, algunos de ellos vinculados a la gestión del Palau. Sin embargo, hubo cruce de acusaciones sobre parte de las presuntas irregularidades. Millet se desentendió de algunas de estas operaciones y aseguró que “sólo ponía mi firma; el que lo sabe todo es Montull”, mientras que Montull afirmó que “el señor Millet es el que manda y nosotros ejecutábamos las cosas según lo que a cada uno le tocaba”. El juez decretó libertad con cargos para los dos imputados y únicamente les retiró los pasaportes.

Para entonces, el caso ya había salpicado la azotea de la política catalana. Al estallar el escándalo, los políticos tomaron distancia argumentando que la Fundación y el Orfeó no estaban sometidos al control de la administración pública. No obstante, la opinión pública reparó en la gravedad de caso y empezó a cuestionarse el aparente desconocimiento por parte de la administración de una operación que se tejió durante décadas. Posteriormente, el presunto desvío de fondos a Convergència Democràtica de Catalunya y a la Fundación Ramon Trias Fargas, ligada al mismo partido, ensució la inocencia y perplejidad con la que la clase política abrazó el escándalo.

UNA TRAMA MUY MEDIÁTICA

En el transcurso de los meses, el caso Millet se ha ido ramificando y está afectando también al otro principal partido político del país. Así, pues, por un lado, está la supuesta financiación ilegal de CDC y, por otro, la acusación de trato de favor que la administración socialista habría otorgado al entonces  presidente del Palau para construir un hotel de lujo junto al ilustre edificio. Por esta causa, la juez Miriam de Rosa Palacio, que instruía el caso, ordenó el encarcelamiento preventivo de Fèlix Millet y Jordi Montull  por posibles delitos de apropiación indebida y tráfico de influencias. Los dos imputados salían en libertad sin fianza de la prisión Brians 2 trece días después.

El caso Millet no deja de sangrar. Las noticias e informaciones sobre el escándalo son diarias y uno tiene la sensación que queda mucha tela que cortar. El protagonista, al fin y al cabo, está en la calle e intuyo que es lo que más desconcierta a los que observan la trama desde el raciocinio que da la distancia. La sociedad civil, un año después, todavía realiza esfuerzos para entender porqué un saqueo de tal dimensión, acaecido en una de las instituciones culturales más representativas del país, pudo transcurrir impunemente, durante décadas, con el consentimiento o incompetencia de las esferas de poder como principal testigo. No obstante, aislando la cosa política, el caso puede haber despertado una sociedad que, en un futuro, quizás estará dispuesta a husmear las aguas malolientes que emanan de su propio oasis.
 
Por: Carol NADAL RIAL



Imputado
Implicado
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Referencias
Mostrar resumen   BERINI,Toni
Mostrar resumen   BLÀZQUEZ,Josep A.
Mostrar resumen   CARRETÉ,Josep Maria
Mostrar resumen   TARRATA,Francesc
Mostrar resumen   SUSAT,Xavier

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